Carta al director

Estimado director,

Le dedico estas palabras para darle las gracias, gracias, y mil gracias. Hace ya muchos años que, por circunstancias de la vida, he dejado de estudiar. Y lo hice, vaya si lo hice. Durante años compaginé mi educación con múltiples trabajos que acabarían derivando en lo que hoy es mi profesión. Y la verdad, solo le puedo estar agradecido a la vida. Van muchos años de viajes interminables en busca de la excelencia, la memoria de nuestro patrimonio y el reconocimiento de una labor. Muchos kilómetros en soledad reflexionando sobre el trabajo de unos compañeros de trayecto, indagando en el porqué, intentando desde una circundante y placentera perspectiva mejorar las cosas, con humildad, corazón y tesón. Por eso le doy las gracias. Gasma es el paraíso para muchos de nosotros que siempre hemos ambicionado progresar, aprender, relacionarnos, compartir, labrar juntos un camino uniendo conocimiento, oficio, vehemencia y todo lo que llevamos dentro. Y no ha sido fácil. Y no es fácil. La libertad tiene un precio. Por eso subrayo un doble mérito el construir este sueño a pico y pala, laborando desde antes que salga el sol hasta que cae el mismo, ocultando un calendario que para nosotros ya no existe, entregando parte de lo único que nos pertenece, remando muchas veces a contracorriente incluso cuando no hay agua que el río lleve. Así se construyen las grandes cosas. Con talante y con talento. Con afán y con brío… Y con equipo. Un grupo maravilloso, diligente, aplicado, entregado en una guerra de la que hasta ayer muchos de ellos desconocían su existencia, lucha incansablemente, dándolo todo, y lo que les queda también, para que ese sueño que relato, poco a poco se vaya convirtiendo en una realidad. Mucha gente trabajando detrás de la barrera: en la oficina, donde las luces no son de neón, pero sin su luz todo estaría oscuro. Y las compañeras que mantienen todo como los chorros del oro. Y la cuadrilla del jardín, construyendo con sangre y sudor los cimientos de nuestra casa. Y todos los productores y colaboradores que van sumando. Y los profesores, cocineros y demás familia que nos alimentan física y espiritualmente. Y los grandes profesionales que nos ayudan en nuestro sublime empeño. No sería capaz de nombrarlos a todos, quizás porque mi memoria fallaría, y algún nombre se escaparía, pero en mi interior están todos ellos grabados a fuego.

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Más de cien personas únicas, grandes, grandísimos profesionales, forman parte ya del Culinary Team de Gasma. Y no paran de llegar más bravos restauradores campeadores aumentando la cuantía de incalculable valor de este equipo de ensueño. Esto es algo inaudito. Otra de las experiencias inolvidables en esta aventura es poder dialogar, debatir, trabajar mano a mano con los más destacados especialistas de las distintas áreas de estudio. No alcanzo a sumar la cantidad de Soles y Estrellas que dibujan nuestro firmamento. Pero también hay planetas, satélites y cometas… (entiéndaseme la metáfora). Ha sido increíble poder día sí día también recibir en nuestras aulas a lo mejor de lo mejor, en un acto de generosidad y compañerismo como nunca se había visto.

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Una oda por nuestros caballeros de la mesa redonda. Un consejo legendario capitaneado por Quique Dacosta dictaminan las causas formativas relativas a la cocina, (Susi Díaz y Ricard Camarena), a la cocina dulce (Paco Torreblanca), a la sala y sumillería (Manuela Romeralo), e I+D+I (Purificación García).

Pero, sobre todo, Gasma son sus alumnos. En nuestro grado, estudiantes de una diversidad exorbitante, forman un grupo terrenal con aspiraciones de Dioses. Cuatro años de sus vidas desplazados a un paraje mediterráneamente maravilloso, Castellón, donde su relación y multiculturalidad obrará en ellos el milagro de ser sobresalientes capacitados y mejores humanos. Y los profesionales que también acuden a la llamada del perfeccionamiento, a embellecer su conocimiento, renovando o incrementando sus competencias en alguno de los Títulos de Experto, Diplomas o Máster, que realizan con el esfuerzo de ajustar sus días libres a los horarios flexibles en los que se imparten los cursos, posibilitando compaginar lo uno con lo otro, en un alarde de lucha y sacrifico, en pro de unos mejores resultados en sus puestos de trabajo.

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Se hace duro y largo el peregrinaje por la senda del aprendizaje. “El peregrino encuentra lo sobrenatural en un lugar preciso, en el que se participa de una realidad diferente…”. Y esa realidad, para nosotros, es Gasma, que pretende aportar un nuevo granito de arena en esa playa infinita en la descansa nuestra culinaria, en este caso bañada por el Mediterráneo, refrescada con aires exóticos y la musicalidad armónica de los sabores locales fusionados con otros internacionales.

Pablo Márquez

Asesor de Gasma.