CASA JAIME: EL ARROZ COMO NEGOCIO DESDE HACE 50 AÑOS

La cocina de pescadores siempre ha sido sabrosa y contundente. Pero, si algo ha tenido respecto al resto de las especialidades, ha sido el saber aprovechar absolutamente todas las partes del producto. Era muy común hacer platos con sobras (lo que no se vendía en la lonja) y aun más con elementos que hoy son muy apreciados pero hace algunos décadas se consideraban ‘de pobres’.

Las galeras, las espardenyas, las ortigas de mar, las algas… Languidecen, en teoría, delante de las gambas, las langostas o los bogavantes. Y, sin embargo, fueron capaces de conquistar a Joan Roca y su mujer, cuando visitaron un restaurante con casi 50 años de existencia a la orilla del mar en Peñíscola.

Jaime Sanz (Casa Jaime)
Jaime Sanz (Casa Jaime)

Jaime padre (insiste en que le llamen así), no fue en realidad el primer pescador de la familia. Fue su progenitor, que sin embargo murió muy pronto y dejó a su hijo a cargo de su madre viuda con tan sólo 12 años. Una edad en la que, en aquella época, no se podía trabajar en el mar. Algo que le importó más bien poco, puesto que salía cada día con barcas de velas o remo a traer sustento a su casa.

Con 16 se hizo definitivamente a la mar y, en una embarcación en la que nadie quería cocinar, él se ofreció para burla de sus compañeros. Hasta que un día, gastándole una broma, le dijeron que cinco de ellos querían el arroz al punto, dos pasado y otro con socarrat. Y fue echando puñados en los tiempos necesarios hasta que cada uno, cuando se sentaron a la mesa con la paella en medio, vio que tenía su propio rincón al gusto. Ahí se acabaron las ‘risitas’.

Dos años y medio después, unos amigos que regentaban un hotel y que se habían quedado sin personal le pidieron que se hiciera cargo de las comidas. Y el hecho de que le pagaran lo mismo que en su anterior trabajo y la posibilidad de madrugar un poco menos le convenció para quedarse en tierra.

De ahí hasta pasar de establecimiento hostelero a tasca y, ya en 1967, a su propio negocio. Conoció a su mujer cuando fue a pasar un fin de semana a Peñíscola y ya no se fue nunca de allí. Y juntos abrieron el Restaurante Casa Jaime que hoy, 48 años después, sigue dando de comer a 24 comensales cada día. Saben que si quisieran tendrían más clientes, pero también que su servicio no sería igual de bueno y, por lo tanto, no volverían a verlos.

Su hijo (también Jaime) es quien regenta hoy el local, junto a su mujer y su hermano Jordi. Pero el mayor de la saga sigue en los fogones, porque el Arroz Calabuch o el de La Abuela sólo salen a la perfección cuando él les da su toque. Aunque tenga 72 años. Aunque siga reticente a jubilarse. Aunque le intenten convencer de que no hace falta que vaya todos los días a la Lonja en su vieja Mobilette.

‘Mi padre viene de la generación en que había que dejar una buena herencia a los hijos y, tras dos reveses económicos muy fuertes en los últimos años (que incluso le provocaron dos cánceres a mi madre) no hay forma de decirle que descanse. Y nosotros vemos que eso le da la vida’, señala.

3 generaciones de Casa Jaime
3 generaciones de Casa Jaime

‘Le hemos ido convenciendo con los años de la necesidad de hacer más corta la carta, de ir quitando platos, de ser mejores con menos cosas. Y con el tiempo lo ha ido entendiendo. Aquí la gente viene a tomar dos tapas y un arroz y eso es lo que hace que el negocio siga funcionando muy bien. Ahora está de moda hacer cocina de mercado y de kilómetro cero, pero nosotros llevamos así toda la vida. Y, afortunadamente, tras haberlo pasado mal en algunos momentos llevamos estabilizados e incluso creciendo mucho tiempo’, comenta.

‘Para eso han sido muy importantes la formación y las redes sociales. Antes el que no valía iba a la cocina o a la sala, pero mi hermano y yo hemos estudiado mucho y seguimos formándonos. Por una parte, en neuromarketing para diseñar las cartas y por otra en redes sociales, que han ayudado a impulsar el negocio. Creo que gracias a esa visibilidad nos dieron el Premio Cocina Tradicional de la Academia de la Gastronomía‘, asegura.

‘Al final, aunque hacemos jornadas específicas, sabemos que quien nos visita quiere el arroz Calabuch (con espardenyas y ortigas) o el de La Abuela (hecho con restos de pesca). Y nosotros lo potenciamos con hashtags, como #lalonjaalplato o #arrozcalabuch25años. Esa es nuestra fuerza y estamos seguros que la de muchos nuevos negocios que deban surgir: la formación, la comunicación, el producto y, sobre todo, el arroz‘, concluye.

La sabiduría en los arroces de las distintas generaciones de Casa Jaime estará presente en el Diploma ‘La Arrocería Mediterránea: Adaptación y Éxito’ de Gasma. Una familia de expertos arroceros que se unen al flamante elenco de formadores de este curso para profesionales único.