¿De qué hablamos cuando hablamos de superalimentos?

Tienen nombres exóticos y se les atribuyen cualidades casi mágicas. Imposibles de encontrar hace apenas unos pocos años, hoy en día los podemos ver en los supermercados. Tras el auge de etiquetas como ecológico, orgánico o bio no es extraño que otro fenómeno, el de los superalimentos, lleve también un tiempo entre nosotros. Moda, boom mediático, mito o realidad. Hoy nos preguntamos qué son los superalimentos y hasta qué punto son beneficiosos para nuestra salud.

Una pregunta que no tiene una respuesta clara, ya que ni siquiera existe una definición exacta. A falta de este consenso terminológico, se suele considerar que los superalimentos son aquellos alimentos ricos en nutrientes (vitaminas, fibras, antioxidantes) y cuyo consumo es beneficioso para la salud. Es casi todas las páginas el listado incluye nombres como bayas de goji o de acai, maca, quinoa o semillas de chía. Nombres que conocemos desde no hace mucho y que sustituyen o complementan a otros más conocidos como el tomate, la remolacha o el salmón.  ¿Por qué, entonces, empezamos  a hablar de superalimentos?

Origen y  beneficios

En la web del Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación podemos leer que la actual atención que se presta a los llamados superalimentos se ha dado por un “creciente interés del público en general por la alimentación y la salud, especialmente en el mundo desarrollado”. Un interés que tiene mucho que ver con la atención mediática recibida. Si ya es difícil encontrar una definición, mucho más complicada parece la tarea de determinar los beneficios para la salud que muchos estudios atribuyen a este grupo de alimentos. El portal divulgativo Superalimentos ya  considera que “no es una solución para todas las enfermedades pero sí un complemento alimenticio perfecto dentro de una dieta bien equilibrada”. La idea de que no son una solución para las enfermedades parece evidente.

El periódico El País publicaba un artículo el pasado 28 de agosto en el que Irene Bretón, de la junta directiva de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición señalaba: “Es una moda o tendencia; no es algo nuevo. Hace años la comunidad científica denominó ingredientes funcionales a nutrientes que, sin aportar calorías, preservan la salud […] De ahí viene el nombre de superalimento, pero este no goza de evidencia científica. Es cierto que son productos muy saludables, pero no curan: solo preservan la salud”.  Por su parte, el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación alerta de la dificultad de aplicar los resultados de los estudios a dietas reales:  “Esto se debe a que las condiciones en las que se estudian los alimentos en los laboratorios suelen diferir, y mucho, de la manera en la que esos alimentos son consumidos normalmente por la gente en su vida cotidiana”.

Conclusión

Sin negar el carácter ‘saludable’ de estos superalimentos, los expertos apelan al sentido común y  consideran que la mejor forma de aportar al organismo todo lo necesario es a través de una alimentación variada y rica en legumbres, frutas, verduras, frutos secos y cereales integrales pero sin consumir en exclusiva un producto concreto ni excluyendo otros. En definitiva, aumentar el abanico de alimentos en vez de centrarnos en un reducido conjunto por muy ‘súper’ que sean.